miércoles, 7 de noviembre de 2012


Desde que existen los planteles ha habido problemas de convivencia entre los adolescentes, pero hay una notable diferencia cualitativa en los comportamientos de los estudiantes de hoy y los de las generaciones anteriores.
Por ejemplo, los apodos, que hoy son un factor desencadenante de severos conflictos, antes constituían apenas una simple e inocente broma entre compañeros, sin mayores consecuencias. Incluso las peleas a puñetazos a la salida de clases terminaban siendo un divertido episodio boxístico, que luego concluía en un abrazo de reconciliación entre los antagonistas, o, cuando intervenían las autoridades disciplinarias escolares, en una amonestación que podía derivar en unos reglazos o en unos días de suspensión. Tal vez en un retiro de la matrícula, en el más drástico de los escenarios.
Eran los tiempos en que los profesores todavía tenían el control de sus estudiantes, y en que los niños y adolescentes no estaban expuestos a todo el bombardeo de violencia y mensajes negativos de hoy que disparan los medios de comunicación y los nuevos canales tecnológicos. Era la época en que la educación, como debe ser, era compartida y concurrían los esfuerzos de los docentes y los padres de familia, y los estudiantes dedicaban casi la totalidad de sus horas libres al sano deporte.
En el caso de Colombia, no solo comenzamos a cambiar con el avance vertiginoso de las nuevas tecnologías que impusieron su tiranía, sino con la nefasta influencia de un paradigma de antivalores que se tomaron la estructura mental de la sociedad, como la intolerancia y el irrespeto, a lo que se agrega la penetración y crecimiento que alcanzó el consumo de alcaloides entre los jóvenes.
De modo que llegamos a la situación que la ministra de Educación, María Fernanda Campo, define como una de las mayores problemáticas del sector educativo y de la sociedad. Y evidentemente las soluciones no son fáciles.
Pues no es suficiente con acentuar en el currículo la educación en valores, aunque esta es, a no dudarlo, una de las tareas en las que debe trabajarse. Lo de fondo es que el país logre desterrar el flagelo que ha enfermado nuestro cuerpo social: la violencia crónica, estructural, de largas décadas.
En un país en paz, reconciliado, donde el respeto a la dignidad humana se asuma como parte esencial del imaginario social, las posibilidades de que la convivencia adopte un tono más tolerante en los centros de enseñanza serán obviamente mejores. El mismo discurso de los profesores contra el consumo de drogas pierde eficacia porque en los alrededores de muchos colegios se expenden con pasmosa facilidad los alcaloides.
La prueba más elocuente de que el problema de la violencia escolar se salió de madre y que se les escapó de las manos a los docentes es que ya en varios colegios han tenido que acudir a la vigilancia policial. Está, pues, la sociedad colombiana a merced de un fenómeno que no puede enfrentarse con opciones ineficaces. El antídoto es una sociedad pacífica, libre de narcotráfico, responsable y solidaria, donde las personas, incluidos los estudiantes, valoren la dignidad, lo justo y el respeto. Pero mientras logramos esto hay que tratar de avanzar buscando que docentes, padres de familia y medios de comunicación cerremos filas y hagamos causa común.

lunes, 5 de noviembre de 2012


Colombia es uno de los países del mundo que presenta los más altos niveles de ‘matoneo’, intimidación escolar o ‘bullying’. Se trata de un problema que siempre ha existido y que sólo ahora, por lo menos en el país, comienza a prender las alarmas en hogares y colegios. Las denuncias de las últimas semanas sobre diversos casos, han encendido la hoguera.
Según Lina Saldarriaga, psicóloga especialista en el tema, el problema se está haciendo cada vez más evidente porque desde los mismos colegios, y en ocasiones en los hogares, se están trabajando métodos que permiten detectarlo, prevenirlo y tratarlo con mayor facilidad.
“El bullying no ha aumentado, lo que pasa es que ahora hay instrumentos muy claros para medirlo. Siempre ha existido la agresión, pero ha cambiado la manera en que nos estamos acercando a ella y estamos entendiendo la importancia de mantener las relaciones positivas”, manifiesta esta profesional en psicología del desarrollo de la Universidad de Concordia (Canadá).
El problema va más allá del eco que puedan generar los casos particulares que se han conocido por estos días en los medios de comunicación. Un reciente estudio de la Universidad de los Andes indica que en Colombia 1 de cada 5 estudiantes ha sido víctimas del llamado ‘bullying’.
Con estas cifras, es importante resaltar que el ‘matoneo escolar’ no se queda en la agresión constante de un estudiante ‘dominante’ sobre otro ‘dominado’, sino que genera secuelas en los implicados y en quienes están cerca.
Enrique Chaux, especialista e investigador de la Universidad de los Andes, explica que aunque no es común que la intimidación escolar lleve a extremos fatales como el suicidio, ésta problemática sí deriva de manera frecuente en desórdenes graves como depresión, ansiedad, inseguridad, actos de venganza violenta, bajo rendimiento académico y deserción escolar de las víctimas.
Agrega el académico que la problemática del ‘matoneo’ en las aulas no sólo afecta a la víctima del abuso, sino también al agresor, quien corre el riesgo de desarrollar aún más sus actitudes violentas e incluso una trayectoria criminal.
Añade Chaux que se trata de un asunto que afecta también al entorno académico y familiar de sus protagonistas (víctimas y victimarios) por lo cual la primera estrategia para detener ese tipo de violencia, es el trabajo conjunto con ese círculo cercano.
“El bullying es una dinámica de grupo y solo se logra mejorar si se trabaja en grupo. Los cambios más profundos ocurren cuando los que están alrededor reconocen que eso no está bien y deciden frenarlo”, explica Chaux, líder del proyecto ‘Aulas en Paz’ que trabaja sobre estas situaciones en colegios del país.
El ‘matoneo’ entre niñas es silencioso
Lina Saldarriaga indica que si bien es preocupante el hecho de que un niño ataque constantemente a otro, puede ser incluso más delicado cuando esta agresión se presenta entre niñas, pues las características especiales del género hacen que la intimidación sea más sutil y por lo tanto más difícil de detectar y de tratar.
“La gente piensa que las niñas no se agreden, lo que pasa es que entre niños es más visible y más físico. Los ataques se dan de manera distinta en cada género y en las niñas esa agresión es sobretodo relacional, es decir, a través del chisme, hablando a las espaldas de la compañera que es víctima del abuso, excluyéndola del grupo de amigas”, expresa.
En ello coincide Enrique Chaux, quien precisa que “con niñas este problema ocurre de manera encubierta y muchas veces los adultos no notamos lo que está ocurriendo. Ellas lo hacen de manera soterrada y es muy difícil identificarlo. Entre niñas la agresión puede ser igual de dolorosa que la agresión física entre niños”.
Explica el investigador que son muchas las razones por las cuales se presenta el Bullying entre las niñas y que muchos casos inician con los celos o la envidia que puede sentir la una hacia la otra.
Gladis Hernández es una docente que lleva 30 años ejerciendo su profesión y atendiendo de manera independiente problemas de convivencia escolar. Cuenta esta profesora que es muy común ver en su consultorio problemas de matoneo entre niñas en los que la víctima es precisamente objeto de celos y por lo tanto de burlas, exclusión y ataques por parte de sus compañeras.
“Los casos más comunes de ‘matoneo’ en grupos de niñas tienen que ver con que haya una de ellas sea más atractiva físicamente, lo cual la convierte en blanco de las agresiones. También se da que las amigas de la agresora se meten en el juego, con ofensas verbales, apodos o miradas. A ellas les da miedo agredir físicamente por el miedo a ser expulsadas o que se evidencie vandalismo”, relata.
Al respecto, agrega Chaux, es común que esas agresiones indirectas entre las niñas no solo se den en el plano ‘real’ sino que se lleven a las redes sociales, donde por medio de fotomontajes, videos que ponen en ridículo a la víctima, grupos creados para atacarla o imágenes de su intimidad, entre otros, se busca dañar el estatus de ésta.
Agrega el especialista, que este es un aspecto preocupante, pues para las niñas es muy importante sentirse aceptada por un grupo. “Esta agresión indirecta va a dañar sus relaciones y su autoestima. La persona termina aislada, lo cual es causa de mucho dolor y depresión”.
Enrique Chaux precisa además que ese rechazo genera que las niñas abusadas no quieran asistir al colegio, que sus notas bajen y que “en los casos más graves, que por fortuna son pocos, se llegue a fuertes depresiones y hasta al suicidio”.
Manifiesta la psicóloga Lina Saldarriaga que el querer ser aceptado o encajar en un grupo puede llevar a que la menor rechazada asuma conductas poco sanas. Tal es el caso de las niñas que son agredidas por condiciones de obesidad, por lo cual dejar de alimentarse para parecerse a sus compañeras.
“Se dan inseguridades, las niñas intentan acomodarse al grupo y empiezan a aparecer problemas de alimentación. La presión del grupo hace que se den comportamientos que no son sanos”, manifiesta.
Cómo tratar el problema con las niñas
Enrique Chaux manifiesta que lo más importante para evitar todas estas complicaciones es que tanto los padres, como los docentes y directivas de los centros educativos estén pendientes de si las niñas se muestran aisladas del resto del grupo. Detectar el problema es el primer paso para actuar, tanto con los niños como con las niñas.
Por su parte, Lina Saldarriaga manifiesta que aunque el tratamiento es similar en ambos géneros, las características del matoneo entre niñas da unas rutas diferentes de trabajo.
“Con las niñas hay que apelar a la relación y tener en cuenta que el problema en ellas tiene que ver con la exclusión, un tipo de agresión puede llegar a ser tan o más complicado que la agresión física entre niños. Hay que acercarse al problema desarrollando talleres en los que se trabaje la empatía y solidaridad entre las agredidas y las agresoras”, concluye la especialista. 
AYUDEMOS A NUESTRO PAÍS PARA QUE ESTE PROBLEMA SE ERRADIQUE POR COMPLETO EN ESCUELAS Y LOS DEMÁS LUGARES DONDE SE PRESENTAN

jueves, 1 de noviembre de 2012

GENERALMENTE NO NOS DAMOS CUENTA DE CUANTO DAÑO PODEMOS GENERAR CON UNA PALABRA O UN SIMPLE COMENTARIO , LOS GOLPES NO SON LO ÚNICO QUE PUEDEN LASTIMARTE .......